LA IDIOSINCRASIA DE LAS TIERRAS BAJAS:
“LA MISION”
(Película basada en
la vida real)
Por Hernán Mamani Llojlla
El film de la
Misión refleja la vivencia real de una sociedad de indígenas guaraníes de las
tierras bajas ubicadas por las inmediaciones de las cataratas del Iguazú,
durante el siglo XVIII, quienes desde su concepción y cosmovisión conservaban
la vida de una manera natural y complementaria entre sí, a su vez con la misma naturaleza
que les vio nacer, construyendo día a día así una sociedad armónica para las
generaciones venideras; en un mundo donde su razón de ser se regía básicamente por
la hermandad y reciprocidad.
En ese transcurrir,
sucede que un día llega un enviado de la iglesia católica con el fin mediar
ciertas inopias que existía entre España y Portugal; por otra parte, además
para evangelizar y forjar la inculturación. Frente a ello, este pueblo indígena
sorprendido de aquella presencia y por falta de una interacción propicia,
percibe como un agravio y deciden eliminar atado y echando rio abajo.
Posterior a ello,
la iglesia envía otro misionero jesuita, el padre Gabriel, quien mediante la
música logra conquistar el consentimiento de los indios y es aceptado por esta
sociedad de guaraníes y se crea la misión de San Carlos, a medida que se va
construyendo la misión en los diversos sentidos de entendimiento, sea tangible
o intangible, el cura jesuita Gabriel va comprendiendo e incluso se va
apropiando de la realidad de este pueblo.
Sin embargo, pasado
los tiempos como consecuencia del Acuerdo efectuado anteriormente en Madrid, la
élite o la jerarca de los jesuitas son convocados ante Altamirano, nombrado por
el Papa para decidir sobre el destino de unas misiones, creadas en un
territorio perteneciente a la Corona Española, por una nueva delimitación de
fronteras, que están ahora bajo el dominio de los portugués. Esta
decisión por tanto, ahora afecta directamente a la misión de San Carlos,
entonces frente a ello, el líder espiritual de esta tarea Padre Gabriel recibe
órdenes de abandonar a nombre de la santidad. Pero este líder espiritual se resiste a dejar esas tierras que tiene
encomendadas, al igual que los indígenas de la comunidad, que con la ayuda de
otros padres de aquel entonces, por su parte también cuenta con Rodrigo
Mendoza, un antiguo traficante de esclavos y mercenario de estas proximidades,
ahora es parte de la misión, quien además a cambio de su santificación, toma la
decisión de luchar junto a la comunidad indígena para defender la tarea que
habían construido.
Entre tanto que
el riesgo se va aproximando bajo una mentalidad de extrema asechanza, y
antojadiza de devastación cultural, los indios a la cabeza del padre Gabriel y
Rodrigo Mendoza se alertan, preparándose medios de defensa desde el punto de
vista de su cosmovisión; es decir, no midieron el ímpetu que se venía sobre
ellos, o quizás no imaginaron el peso de una tendencia despótica y
avasalladora; sin embargo, en el momento de este topetazo agresivo, los nativos
recibieron el impacto de la mutilación y la aniquilación; no conforme con ello, los extravagantes
enviados por la jerarca, continúan ingresando hacia el centro de la aldea donde
encuentran a otro jesuita responsabilizándose de la adulación a Dios por medio del
coro conformado por las mujeres y niños de la aldea, quienes son ultrajados y
aniquilados al igual que sus consortes guerreros.
De esta manera se
cumple el querer y el antojo de la sociedad dominante en complicidad con la alta
jerarca de la iglesia católica, de quienes el pensamiento y la forma de ver el
mundo es fatídico, insolente, indolente, arbitraria, desdeñosa, desconsiderado,
etc. Pues su ambición es solo llenarse de riqueza y poder cuantas veces sea
necesario a costa de los mal llamados seres serviles o bestias, según ellos.
Desde esta
mirada, el mundo está de patas al revés tal cual manifiesta Galeano en su libro
“patas arriba, la escuela del mundo al revés”, donde se siente la naturaleza
discriminadora, fanfarrona y flageladora de los derechos inmensurables de los seres
humanos, por parte de una cultura o sociedad que se cree prócer sobre la otra.
En el mundo
actual, ¿será que existe aún esa realidad?, donde unos piensan que son
superiores que los otros y no poseen sentimientos, ni necesidades al igual que
ellos, el cual sería una ironía y a la vez paradójico para una colectividad
pensante y analítico. Pues no se trata de que una cultura, un pueblo o una
nación tengan que someterse dócilmente a las conductas antojadizas de un cierto
grupo de personas que según ellos son los únicos; ni por ello, este grupo teóricamente
considerado como privilegiado tengan que oprimir, achacar, mutilar en todo
sentido de la vida, a los demás seres humanos. En el mundo todas las personas
somos iguales, al menos eso se piensa desde un punto de vista humanitario,
científico y antropológico.
Entonces en ese
contexto la educación es responsable de esa labor para su socialización y su
concientización, considerando que las personas reunidos en un grupo social comunitario
poseen ciertas destrezas, tradiciones, saberes, pensamientos, necesidades y
aspiraciones; los cuales de ninguna manera podrían ser embrolladas ni vulneradas
por otras culturas con la finalidad de cambiar su parecer a la de ellos. Es
decir, no puede una cultura pretender cambiar la direccionalidad, ni la
ideología de otra cultura y encaminarlos en favor de ellos; sino más bien debe
existir una interacción horizontal, convivencia en el marco de la tolerancia y
aceptabilidad; pues eso es interculturalidad y es en este marco
donde las sociedades con diversos pensamientos, tradiciones y necesidades,
deben forjar un mundo igualitario y hermanado a partir de la educación en la
vida y para la vida.
Por tanto, desde el punto de
vista de la educación, para llegar a una
sociedad tolerante, igualitario y auténticamente civilizado, con un horizonte
de emancipación cultural, en convivencia consigo mismo y con todo lo que le rod
ea,
es necesario profundizar y poner en práctica la interculturalidad; pues el
mismo se vincula con las ideas reflexivas y constructivas del Yampara S. donde distingue lo
siguiente: La pregunta de fondo en todo esto es, ¿quién soy yo?, ¿quiénes
éramos nosotros?, porque yo no soy simplemente un núcleo esencial puro, sino
que yo me constituyo en relación a los otros y esa es la relación intercultural
que se articula al proceso de descolonización, es decir, en el proceso de
construcción del legado propio, en el proceso de reconstruir mi legado. Necesariamente
esa relación es con los otros o con la otra cultura, bajo otra condición, no
bajo una relación subordinada, sino bajo una relación menos subordinada (ya que
esto involucra un proceso) y eso supone una interculturalidad, entonces, la
interculturalidad aquí tiene dos connotaciones: la primera, la
interculturalidad me va a permitir reconstituirme, y segundo y al mismo tiempo,
la interculturalidad me va a permitir “construir lo común”.
BIBLIOGRAFIA:
Yampara, Simón, (2009). “¿Autonomía, autodeterminación o re-constitución
del nuevo, Estado Qullana de los pueblos indígenas?”. En: Qhanañchäwi,
Revista de sociología - UPEA Año 1, Nº 1.


No hay comentarios.:
Publicar un comentario