Hernan Mamani Llojlla

Hernan Mamani Llojlla
Profesor de Educación Primaria

viernes, 4 de noviembre de 2016

LA IDIOSINCRASIA DE LAS TIERRAS BAJAS:
“LA MISION”
(Película basada en la vida real)
Por Hernán Mamani Llojlla
El film de la Misión refleja la vivencia real de una sociedad de indígenas guaraníes de las tierras bajas ubicadas por las inmediaciones de las cataratas del Iguazú, durante el siglo XVIII, quienes desde su concepción y cosmovisión conservaban la vida de una manera natural y complementaria entre sí, a su vez con la misma naturaleza que les vio nacer, construyendo día a día así una sociedad armónica para las generaciones venideras; en un mundo donde su razón de ser se regía básicamente por la hermandad y reciprocidad.

En ese transcurrir, sucede que un día llega un enviado de la iglesia católica con el fin mediar ciertas inopias que existía entre España y Portugal; por otra parte, además para evangelizar y forjar la inculturación. Frente a ello, este pueblo indígena sorprendido de aquella presencia y por falta de una interacción propicia, percibe como un agravio y deciden eliminar atado y echando rio abajo.

Posterior a ello, la iglesia envía otro misionero jesuita, el padre Gabriel, quien mediante la música logra conquistar el consentimiento de los indios y es aceptado por esta sociedad de guaraníes y se crea la misión de San Carlos, a medida que se va construyendo la misión en los diversos sentidos de entendimiento, sea tangible o intangible, el cura jesuita Gabriel va comprendiendo e incluso se va apropiando de la realidad de este pueblo.

Sin embargo, pasado los tiempos como consecuencia del Acuerdo efectuado anteriormente en Madrid, la élite o la jerarca de los jesuitas son convocados ante Altamirano, nombrado por el Papa para decidir sobre el destino de unas misiones, creadas en un territorio perteneciente a la Corona Española, por una nueva delimitación de fronteras, que están ahora bajo el dominio de los portugués. Esta decisión por tanto, ahora afecta directamente a la misión de San Carlos, entonces frente a ello, el líder espiritual de esta tarea Padre Gabriel recibe órdenes de abandonar a nombre de la santidad. Pero este líder espiritual se resiste a dejar esas tierras que tiene encomendadas, al igual que los indígenas de la comunidad, que con la ayuda de otros padres de aquel entonces, por su parte también cuenta con Rodrigo Mendoza, un antiguo traficante de esclavos y mercenario de estas proximidades, ahora es parte de la misión, quien además a cambio de su santificación, toma la decisión de luchar junto a la comunidad indígena para defender la tarea que habían construido.

Entre tanto que el riesgo se va aproximando bajo una mentalidad de extrema asechanza, y antojadiza de devastación cultural, los indios a la cabeza del padre Gabriel y Rodrigo Mendoza se alertan, preparándose medios de defensa desde el punto de vista de su cosmovisión; es decir, no midieron el ímpetu que se venía sobre ellos, o quizás no imaginaron el peso de una tendencia despótica y avasalladora; sin embargo, en el momento de este topetazo agresivo, los nativos recibieron el impacto de la mutilación y la aniquilación;  no conforme con ello, los extravagantes enviados por la jerarca, continúan ingresando hacia el centro de la aldea donde encuentran a otro jesuita responsabilizándose de la adulación a Dios por medio del coro conformado por las mujeres y niños de la aldea, quienes son ultrajados y aniquilados al igual que sus consortes guerreros.
De esta manera se cumple el querer y el antojo de la sociedad dominante en complicidad con la alta jerarca de la iglesia católica, de quienes el pensamiento y la forma de ver el mundo es fatídico, insolente, indolente, arbitraria, desdeñosa, desconsiderado, etc. Pues su ambición es solo llenarse de riqueza y poder cuantas veces sea necesario a costa de los mal llamados seres serviles o bestias, según ellos.
Desde esta mirada, el mundo está de patas al revés tal cual manifiesta Galeano en su libro “patas arriba, la escuela del mundo al revés”, donde se siente la naturaleza discriminadora, fanfarrona y flageladora de los derechos inmensurables de los seres humanos, por parte de una cultura o sociedad que se cree prócer sobre la otra.
En el mundo actual, ¿será que existe aún esa realidad?, donde unos piensan que son superiores que los otros y no poseen sentimientos, ni necesidades al igual que ellos, el cual sería una ironía y a la vez paradójico para una colectividad pensante y analítico. Pues no se trata de que una cultura, un pueblo o una nación tengan que someterse dócilmente a las conductas antojadizas de un cierto grupo de personas que según ellos son los únicos; ni por ello, este grupo teóricamente considerado como privilegiado tengan que oprimir, achacar, mutilar en todo sentido de la vida, a los demás seres humanos. En el mundo todas las personas somos iguales, al menos eso se piensa desde un punto de vista humanitario, científico y antropológico.
Entonces en ese contexto la educación es responsable de esa labor para su socialización y su concientización, considerando que las personas reunidos en un grupo social comunitario poseen ciertas destrezas, tradiciones, saberes, pensamientos, necesidades y aspiraciones; los cuales de ninguna manera podrían ser embrolladas ni vulneradas por otras culturas con la finalidad de cambiar su parecer a la de ellos. Es decir, no puede una cultura pretender cambiar la direccionalidad, ni la ideología de otra cultura y encaminarlos en favor de ellos; sino más bien debe existir una interacción horizontal, convivencia en el marco de la tolerancia y aceptabilidad; pues eso es interculturalidad y es en este marco donde las sociedades con diversos pensamientos, tradiciones y necesidades, deben forjar un mundo igualitario y hermanado a partir de la educación en la vida y para la vida.
Por tanto, desde el punto de vista  de la educación, para llegar a una sociedad tolerante, igualitario y auténticamente civilizado, con un horizonte de emancipación cultural, en convivencia consigo mismo y con todo lo que le rod
ea, es necesario profundizar y poner en práctica la interculturalidad; pues el mismo se vincula con las ideas reflexivas y constructivas del Yampara S. donde distingue lo siguiente: La pregunta de fondo en todo esto es, ¿quién soy yo?, ¿quiénes éramos nosotros?, porque yo no soy simplemente un núcleo esencial puro, sino que yo me constituyo en relación a los otros y esa es la relación intercultural que se articula al proceso de descolonización, es decir, en el proceso de construcción del legado propio, en el proceso de reconstruir mi legado. Necesariamente esa relación es con los otros o con la otra cultura, bajo otra condición, no bajo una relación subordinada, sino bajo una relación menos subordinada (ya que esto involucra un proceso) y eso supone una interculturalidad, entonces, la interculturalidad aquí tiene dos connotaciones: la primera, la interculturalidad me va a permitir reconstituirme, y segundo y al mismo tiempo, la interculturalidad me va a permitir “construir lo común”.


BIBLIOGRAFIA:

Yampara, Simón, (2009). “¿Autonomía, autodeterminación o re-constitución del nuevo, Estado Qullana de los pueblos indígenas?”. En: Qhanañchäwi, Revista de sociología - UPEA Año 1, Nº 1.

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