Hernan Mamani Llojlla

Hernan Mamani Llojlla
Profesor de Educación Primaria

viernes, 4 de noviembre de 2016

GRAN PODE ¿DEVOCIÓN O MERCANTILISMO?

FESTIVIDAD DEL GRAN PODER EN LA PAZ BOLIVIA
¿Creencia, devoción o mercantilismo?
Por Hernán Mamani Llojlla
La denominada fiesta del Gran poder realizada año tras año en la ciudad de La Paz Bolivia, hoy por hoy se ha convertido en un acontecimiento de emancipación económica, denominado como un evento cultural representativo de las expresiones artísticas, e cual en su etapa de introito erigieron además relacionándolos la expresión cultural con la gratitud por la productividad; ahora el mismo con un sentido de engreimiento cultural, descarriándose de un auténtico característico de la esencia cultural, encaminando bajo el concepto del folklore, del cual despliega muy disímil significado; por su parte, lo religioso también entra en la bandeja de análisis, el mismo matizándose con un sentido de materialismo, orientada a extremas inversiones en distintas maneras de expresiones en medio de una sociedad con características económicas distintas, heterogénea y pluricultural; es decir, donde los participantes de esta actividad se diferencian en distintos grupos sociales y con variadas formas de pensar; aunque en nuestro país se dice que el horizonte de nuestro destino está prácticamente cambiado en cuanto a la posición económica, del cual muchos de los habitantes del mundo dependemos para alcanzar una vida digna y el espacio o el contexto indicado no es la excepción.
Desde esa mirada, sin excluir ni ensalzar a ningún grupo social de los seres humanos con variados formas de manifestación y práctica cultural, sea cual sea su situación o condición económica, política y cultural, de manera voluntaria, consiente e inconsciente investimos y ejercemos alguna dogma, manifestación o creencia religiosa, el mismo ha sido aprovechado y adoptado como estrategia de aprehensión ideológica y cultural de los pueblos nativos por parte la iglesia católica; es decir, la iglesia se apodero de la parte espiritual de la dimensión humana para ligar a los pueblos aborígenes con el fin de efectuar el señorío sobre ellos, desde donde se emanan ciertos criterios o normas que rigen el caminar y la vivencia, sin tomar en cuenta las características culturales propias de estos pueblos. Desde este punto de vista, las creencias, tradiciones y toda clase de manifestaciones sean culturales y sociales en nuestros días se han convertido en una verdadera tragedia, a comparación de su existencia preliminar; ya que en aquellos entonces estas actividades estaban orientadas a satisfacer diversas necesidades relacionados con el sentimiento y emoción de gratitud por la siembra y la cosecha de productos en medio de la comunidad y para la comunidad; por ello es que ahora decimos “tragedia” en cuanto a la concepción ideológica y cultural donde su sentido de vida es muy distinto a la de una auténtica originalmente.
En la actualidad la festividad del Gran Poder es considerada y reconocida en el departamento de La Paz incluso a nivel nacional y conocida a nivel de cosmopolita como una ceremonia mayor con magnánimos episodios. Mientras que la cultura occidental con un pensamiento de laceración y arbitraria, aun continúa con la práctica de injerencia política, económica y cultural, mediante este tipo de acontecimientos denominados festividades, justamente mediada por la iglesia católica, ahora es un medio de interacción en medio de la complejidad cultural. Es decir, la iglesia ahora es un legado para efectuar la interacción y convivencia a nombre de la interculturalidad en medio de una sociedad emancipadora con raíces culturales, más que todo de los aymaras, a quienes les fue transformando en una sociedad egoísta, individualista, vanagloriosa y engreída; pues hoy en día, esta sociedad a nombre del folklore y devoción busca llenarse de riquezas y de poder para dominar económicamente a sus propios hermanos que o cuentan con una economía solvente e ineludible, ahora la pregunta es ¿será que verdaderamente la gente participa por devoción?, por su parte también surgen otras interrogantes ¿del total de los participantes, cuántos creerán que poseen y practican la verdadera devoción? o simplemente ¿deben organizar y participar para obtener más riquezas o ingresos económicos a costa de otros?; es decir, estas actividades se organizan a nombre de la práctica cultural e intercultural para lucrar económicamente, puesto que en este tipo de acontecimientos prima el consumo y el mercantilismo.
Por tanto, es ahí donde se observa claramente la práctica de egoísmo, posturas de individualismo, vanagloria y jactanciosa; y no se ve de ninguna manera aquella que llamamos la convivencia, hermandad y la confraternización, el cual desde un punto de vista educativo es justamente enfatizada en la práctica de la interculturalidad; pues la interculturalidad supone también hablar de diálogo y de paz, lo que desde lo “indígena” se ha llamado “armonía”. Esto es un modo de relación con el mundo donde uno “es” constituyéndose con el otro, pero también dejándose constituir (Panikkar, 1990), es decir, “dejándose ser”, dejando de lado las pretensiones de dominación. La interculturalidad, por tanto, no se puede reducir a un concepto, no significa simplemente una determinación conceptual ya racional, es también una disposición. Uno no es intercultural porque aplica un concepto, se trata de una disposición.

BIBLIOGRAFIA:
Ávila, Jiovanny Samanamud, Sociólogo-UMSA, Interculturalidad, educación y descolonización, Integra Educativa Vol. III / Nº 1, La Paz, Bolivia.


Panikkar R. (1990). Sobre el diálogo intercultural. Salamanca, España. 

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