FESTIVIDAD DEL GRAN
PODER EN LA PAZ BOLIVIA
¿Creencia, devoción
o mercantilismo?
Por Hernán Mamani Llojlla
La
denominada fiesta del Gran poder realizada año tras año en la ciudad de La Paz
Bolivia, hoy por hoy se ha convertido en un acontecimiento de emancipación económica,
denominado como un evento cultural representativo de las expresiones artísticas,
e cual en su etapa de introito erigieron además relacionándolos la expresión
cultural con la gratitud por la productividad; ahora el mismo con un sentido de
engreimiento cultural, descarriándose de un auténtico característico de la
esencia cultural, encaminando bajo el concepto del folklore, del cual despliega
muy disímil significado; por su parte, lo religioso también entra en la bandeja
de análisis, el mismo matizándose con un sentido de materialismo, orientada a
extremas inversiones en distintas maneras de expresiones en medio de una
sociedad con características económicas distintas, heterogénea y pluricultural;
es decir, donde los participantes de esta actividad se diferencian en distintos
grupos sociales y con variadas formas de pensar; aunque en nuestro país se dice
que el horizonte de nuestro destino está prácticamente cambiado en cuanto a la posición
económica, del cual muchos de los habitantes del mundo dependemos para alcanzar
una vida digna y el espacio o el contexto indicado no es la excepción.
Desde
esa mirada, sin excluir ni ensalzar a ningún grupo social de los seres humanos
con variados formas de manifestación y práctica cultural, sea cual sea su
situación o condición económica, política y cultural, de manera voluntaria, consiente
e inconsciente investimos y ejercemos alguna dogma, manifestación o creencia
religiosa, el mismo ha sido aprovechado y adoptado como estrategia de
aprehensión ideológica y cultural de los pueblos nativos por parte la iglesia
católica; es decir, la iglesia se apodero de la parte espiritual de la
dimensión humana para ligar a los pueblos aborígenes con el fin de efectuar el
señorío sobre ellos, desde donde se emanan ciertos criterios o normas que rigen
el caminar y la vivencia, sin tomar en cuenta las características culturales
propias de estos pueblos. Desde este punto de vista, las creencias, tradiciones
y toda clase de manifestaciones sean culturales y sociales en nuestros días se
han convertido en una verdadera tragedia, a comparación de su existencia
preliminar; ya que en aquellos entonces estas actividades estaban orientadas a
satisfacer diversas necesidades relacionados con el sentimiento y emoción de
gratitud por la siembra y la cosecha de productos en medio de la comunidad y
para la comunidad; por ello es que ahora decimos “tragedia” en cuanto a la
concepción ideológica y cultural donde su sentido de vida es muy distinto a la
de una auténtica originalmente.
En
la actualidad la festividad del Gran Poder es considerada y reconocida en el
departamento de La Paz incluso a nivel nacional y conocida a nivel de
cosmopolita como una ceremonia mayor con magnánimos episodios. Mientras que la
cultura occidental con un pensamiento de laceración y arbitraria, aun continúa
con la práctica de injerencia política, económica y cultural, mediante este
tipo de acontecimientos denominados festividades, justamente mediada por la
iglesia católica, ahora es un medio de interacción en medio de la complejidad
cultural. Es decir, la iglesia ahora es un legado para efectuar la interacción
y convivencia a nombre de la interculturalidad en medio de una sociedad
emancipadora con raíces culturales, más que todo de los aymaras, a quienes les
fue transformando en una sociedad egoísta, individualista, vanagloriosa y engreída;
pues hoy en día, esta sociedad a nombre del folklore y devoción busca llenarse
de riquezas y de poder para dominar económicamente a sus propios hermanos que o
cuentan con una economía solvente e ineludible, ahora la pregunta es ¿será que
verdaderamente la gente participa por devoción?, por su parte también surgen otras
interrogantes ¿del total de los participantes, cuántos creerán que poseen y
practican la verdadera devoción? o simplemente ¿deben organizar y participar
para obtener más riquezas o ingresos económicos a costa de otros?; es decir,
estas actividades se organizan a nombre de la práctica cultural e intercultural
para lucrar económicamente, puesto que en este tipo de acontecimientos prima el
consumo y el mercantilismo.
Por
tanto, es ahí donde se observa claramente la práctica de egoísmo, posturas de
individualismo, vanagloria y jactanciosa; y no se ve de ninguna manera aquella
que llamamos la convivencia, hermandad y la confraternización, el cual desde un
punto de vista educativo es justamente enfatizada en la práctica de la
interculturalidad; pues la interculturalidad supone también hablar de diálogo y
de paz, lo que desde lo “indígena” se ha llamado “armonía”. Esto es un modo de
relación con el mundo donde uno “es” constituyéndose con el otro, pero también
dejándose constituir (Panikkar, 1990), es decir, “dejándose ser”, dejando de
lado las pretensiones de dominación. La interculturalidad, por tanto, no se
puede reducir a un concepto, no significa simplemente una determinación conceptual
ya racional, es también una disposición. Uno no es intercultural porque aplica
un concepto, se trata de una disposición.
BIBLIOGRAFIA:
Ávila, Jiovanny Samanamud, Sociólogo-UMSA, Interculturalidad, educación
y descolonización, Integra Educativa Vol. III / Nº 1, La Paz, Bolivia.
Panikkar R. (1990). Sobre el diálogo intercultural. Salamanca,
España.

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